Herida de Rechazo: Cuando no me siento elegido
- Wanda Bennasar
- hace 3 días
- 5 Min. de lectura
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trabajo en educar a la población en Salud Mental y Bienestar Emocional:
Desde la psicología del desarrollo, nuestras primeras experiencias con las figuras de cuidado estructuran profundamente nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.
La teoría del apego (Bowlby y Ainsworth) sostiene que el vínculo con el cuidador principal en los primeros años de vida —especialmente entre 0 y 2 años— establece una “base segura” que permite explorar el mundo con confianza. Cuando esta base falla (por desatención, rechazo emocional o invalidación constante), se forman patrones internos de inseguridad que perduran en la adultez.
La herida de rechazo específicamente se crea cuando un niño no se siente aceptado, valorado o amado tal como es —inclusive en situaciones aparentemente sutiles como críticas constantes, comparaciones, ignorar sus necesidades emocionales o no responder adecuadamente a sus afectos.
En términos neuropsicológicos, estas experiencias tempranas se codifican en la memoria emocional del cerebro como señales de peligro social —lo cual activa una sensibilidad al rechazo exagerada más adelante.
Te cuento más de este artículo en el video de hoy ⬇️
La sensibilidad al rechazo: una secuela del desarrollo
Una de las consecuencias más documentadas de estas experiencias tempranas es lo que la investigación denomina sensibilidad al rechazo: una tendencia a esperar, percibir y reaccionar intensamente ante cualquier señal que pueda interpretarse como rechazo.
Los estudios muestran que los niños con alta sensibilidad al rechazo:
Sobreinterpretan situaciones ambiguas como señales de rechazo.
Tienen mayor ansiedad y conducta defensiva al interactuar con otros.
Presentan dificultades interpersonales y emocionalmente internalizan estas experiencias a lo largo del tiempo.
Además, esta sensibilidad no desaparece al pasar a la adultez; más bien se cristaliza en patrones que dificultan relaciones saludables.
¿Notas cómo la el rechazo temprano luego permea hacia el resto de la infancia y luego hacia la adultez?
Sí, lo veo claro
No lo entiendo totalmente
¿Cómo se manifiesta esta herida en la adultez?
La sensación de “no sentirse elegido” o “no ser suficientemente bueno” puede aparecer en diversos dominios de la vida adulta, usualmente activada por triggers (desencadenantes) que “reproducen” la herida inicial:
☑️ En la amistad
Dolor intenso cuando un grupo no te incluye en planes o cuando otros parecen tener vínculos más estrechos.
Interpretar silencios, mensajes tardíos o cambios de humor como rechazo directo, aunque no lo sean.
☑️ En el trabajo
Sensación de no ser valorado profesionalmente, incluso ante elogios.
Evitar proponer ideas por miedo al juicio o rechazo de colegas o superiores.
Competencia interna constante para “ganar aprobación”, en lugar de colaborar con confianza.
☑️En la pareja
Hipervigilancia ante señales de desapego emocional (por ejemplo, cambios de tono, falta de contacto visual o distancia afectiva).
Ansiedad intensa ante la posibilidad de ruptura o no sentirse “el elegido”.
Patrón de atraer parejas emocionalmente no disponibles (en otras relaciones o con trabajos muy absorbentes) o percibir rechazo donde no existe.
Patrones psicológicos y emociones subyacentes
Quienes cargan con esta herida suelen:
Tener baja autoestima y pensamiento autocrítico persistente.
Sentir que no merecen amor o aceptación sin condiciones.
Reaccionar con ansiedad, tristeza o ira cuando perciben desapego o crítica (incluso si no son intencionados).
Estas reacciones no son “exageradas” ni arbitrarias: son mecanismos protectores que se afianzaron cuando el mundo emocional del niño no fue suficientemente seguro.
¿Cómo trabajar la herida de rechazo (sin acceso a terapia)?
Aunque el acompañamiento terapéutico es un recurso valioso, no es el único camino posible para iniciar la reparación de este evento de trauma.
La herida de rechazo se formó en el vínculo, pero también puede empezar a repararse a través de prácticas conscientes, repetidas y sostenidas en el tiempo. A continuación, te describo formas de trabajo personal basadas en principios psicológicos con respaldo teórico y clínico.
1. Regulación emocional ante el trigger
Cuando la herida se activa, el cuerpo suele entrar en estados de ansiedad, tristeza o hiperalerta. Antes de “pensar” la situación, es necesario regular el sistema nervioso. Algunas herramientas accesibles incluyen:
Respiración lenta y profunda (especialmente exhalaciones más largas).
Contacto físico regulador (mano en el pecho, presión suave).
Pausas conscientes antes de reaccionar (no enviar mensajes impulsivos, no aislarse automáticamente).
La regulación permite que la emoción baje de intensidad y evita respuestas que luego refuerzan el sentimiento de rechazo.
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2. Reconocer el patrón y ponerle nombre
El primer paso es identificar conscientemente el patrón: notar cuándo aparece la sensación de “no me eligen”, “no soy importante” o “algo está mal conmigo”.Nombrar internamente lo que ocurre —“esto es mi herida de rechazo activándose”— permite crear una mínima distancia entre la experiencia emocional y la identidad personal. Esto reduce la fusión emocional y evita que la persona actúe desde el automatismo del trauma.
3. Diferenciar el pasado del presente
Una práctica clave es preguntarse, ante cada trigger:
¿Esto que siento pertenece al presente o a una experiencia antigua?
¿Tengo evidencia objetiva de rechazo o estoy reaccionando desde una memoria emocional?
Este ejercicio ayuda a desactivar la generalización típica del trauma infantil, donde el cerebro interpreta situaciones actuales como réplicas exactas del pasado.
4. Trabajo con el diálogo interno
Las personas con herida de rechazo suelen tener una voz interna crítica que refuerza la idea de no ser suficientes. Trabajar conscientemente el diálogo interno implica:
Detectar frases automáticas autodescalificadoras.
Reemplazarlas por mensajes más realistas y compasivos (no positivos forzados, sino reguladores).
Ejemplo:
“No me respondieron porque no soy importante”→ “No tengo toda la información; mi valor no depende de esta respuesta”.
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5. Construir una base interna de validación
Una parte central de la herida es haber aprendido que el valor personal depende de ser elegido por otros. Sanar implica desarrollar una fuente interna de validación, preguntándose:
¿Qué necesito yo ahora, independientemente de si otros me eligen o no?
¿Puedo darme yo mismo el reconocimiento que estoy buscando afuera?
Esto no elimina el deseo de vínculo, pero reduce la dependencia emocional de la aprobación externa.
Wanda Bennasar
Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta Sistémica y de Trauma (EMDR)
Contacto: wbennasar@gmail.com / +507 6679-2006 (Panamá)
Instagram: @psic.wandabennasar
Newsletter: https://psicwandabennasar.substack.com/
Youtube: Psicoterapia de Bolsillo
Referencias Bibliográficas
Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books.
Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation. Lawrence Erlbaum.
van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking.
Schore, A. N. (2003). Affect Regulation and the Repair of the Self. W. W. Norton & Company.
Downey, G., & Feldman, S. I. (1996). Implications of rejection sensitivity for intimate relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 70(6), 1327–1343.
Romero-Canyas, R., et al. (2010). Rejection sensitivity and the rejection–hostility link in romantic relationships. Journal of Personality, 78(1), 119–148.
Neff, K. D. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself. William Morrow.
Siegel, D. J. (2012). The Developing Mind (2nd ed.). Guilford Press.







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