¡Lo que tus hijos no deben saber!

Cuando tenemos hijos únicos o hijos mayores con grandes diferencias de edades con los menores, o incluso hijos que por sí mismos tengan una personalidad de “viejito”, podemos observar como común denominador que tienden a parecer personas grandes. El vocabulario que usan es más elevado, tienden a jugar con niños más grandes (o a sólo querer estar con adultos) y a tener gustos más orientados a niños mayores.


Esta conducta es normal si tomamos en consideración que por la mayor parte de su vida ha estado rodeado de gente adulta, no sólo de los padres, sino también de abuelos, tíos u otros familiares que han modelado ese vocabulario que ahora usa y no ha tenido experiencias previas (o no muchas) de cómo relacionarse con niños de su edad.




El tener un hijo con estas características puede hacer que en algún momento, o en muchos, te confundas y se te olvide la edad real de tu hijo o quizás no tengas un parámetro de comparación y no lo veas pequeño. Lo cierto es que puedes estar tendiendo a tratarlo como alguien de tu edad, lo que implica también dar más información de la que debe saber (o la que puede manejar emocionalmente) y asignar responsabilidades que no le competen aún o son demasiadas para él.


Tu rol número uno es mantener a tu hijo en su etapa infantil en donde hay mucha fantasía e inocencia por la mayor parte del tiempo que puedas, pronto cuando llegue a la pre-adolescencia sus compañeros lo irán “educando” en otros temas que lo irán llevando al mundo de los grandes. Con lo cual hay ciertos parámetros que seguir para los niños en casa:


  1. No compartas información económica con ellos. No les hablamos de cuánto ganamos, de cuánto tenemos, de si nos alcanza o no, de si tengo que pedir prestado o hay algo que no puedo pagar. Eso es problema de gente grande y los grandes deben resolver. En relación a que pida dinero para comprar cosas, en la estructura de la familia puede estar establecido cuándo se compran cosas (cumpleaños y navidad) y puedes darles una mesa mensual que tienen que administrar para educarlos en finanzas y no das dinero fuera de eso.

  2. No compartas lo que pasa en tu trabajo. Si en tu trabajo tienes problemas con algún compañero, tu jefe, están despidiendo gente, hay mucha tensión, etc. esa información no es algo que puedas compartir con tus hijos. Más bien tú debes preguntar sobre su día y cómo le fue y si le preguntas sobre el tuyo puedes contar las cosas en las que trabajaste.

  3. No damos demasiados detalles sobre situaciones de salud. Si hay alguien enfermo en tu familia no hay necesidad de hablarle a tu hijo de los riesgos de que muera, de tu angustia, de que no saben cómo pagar el hospital, de que no saben quién lo puede cuidar, etc. Sólo es suficiente con informar que alguien está enfermo (del estómago, del corazón, etc., sin tanto detalle) y decir que lo atenderán buenos médicos. Si son creyentes pueden rezar, pueden hacerle cartitas, etc.

  4. No hablamos sobre discusiones o conflictos de pareja. Si te estás peleando con tu esposo-a, tienen conflictos, están separándose, ha habido una infidelidad u otra situación, tu hijo-a no necesita saberlo. Recuerda que sus padres son lo más sagrado para un niño y no pueden manejar que no haga daño al otro.


Es importante que recuerdes que tu rol es proteger y cuidar a tus hijos. Estas situaciones que puedes estar viviendo, que son difíciles, tienes que hablarlas con adultos que te puedan contener, apoyar y ayudar a resolverlas. No pongas estas cargas mentales y emocionales en los hombros de un pequeñito-a que todavía no se puede cuidar a sí mismo para que sienta que tiene que cuidar de otras personas, porque lo hará porque las ama.



Wanda Bennasar

Psicóloga Clínica


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