Acepta a tu hijo y deja de criticarlo!

Todas las semanas llegan al consultorio familias que describen tener problemas con sus hijos porque “no son sociables en el parque”, “no les gustan los animales”, “prefieren estar en la casa que salir a pasear”, “no les gusta hacer deporte”, “no son consistentes en practicar el piano” y un gran etcétera.


Además de mencionar esto en consulta como un problema, los padres sin darse cuenta ya tienen años haciéndole saber a sus hijos que esas características que muestran como ser introvertido, no ser amante de los animales, ser casero, ser más intelectual que físico, no tener pasión por la música, etc. no es una “buena” cualidad frente a sus ojos. Y adicional a veces han generado presión para que cambien, les han producido ansiedad y el sentirse no aceptados ni queridos.



La función principal en el rol parental es amar y aceptar a nuestros hijos como son. Como son implica eso, !todo!. Aunque no sea lo que te imaginaste cuando estabas embarazada, aunque no se parezca a ti o a tu pareja, aunque sepas que esa característica les podrá traer sufrimiento social… no importa la razón por la que pienses que esa característica no le beneficia, deja de criticarlo!


Deja de criticarlo porque tu hijo está neurobiológicamente cableado para ser amado y aceptado por ti! Por la persona que se supone que más lo debe amar en todo el mundo. Eso significa que durante toda su vida hará un enorme esfuerzo por hacer lo que te plazca para que lo ames. Pero, ¿qué precio tendrá que pagar este niño para ser amado por ti?, ¿dejará de ser él-ella mismo para sentirse aceptado? o ¿acaso deberá sacrificar su propia felicidad de adulto por ti y tu forma de pensar?


Si tu le demuestras amor y aceptación incondicional no sólo crecerá feliz y podrá convertirse en su mejor versión de adulto sino que verá el mundo como un lugar seguro, en donde va a ser aceptado y amado (como lo hicieron sus padres), no tendrá por qué temer ni tener ansiedad.


Ahora bien, si tú estás luchando internamente con algunas características de tus hijos y no logras aceptar y amar de forma incondicional es momento de que mires para adentro y no de que ellos cambien, a pesar de lo que nos ha enseñado la sociedad. Mirar para adentro implica empezar a hacerte preguntas sobre tu propia infancia, sobre ti misma cuando eras una niña y cuánta aceptación y amor incondicional recibiste de tus cuidadores.


Si esa incondicionalidad no suena familiar porque tus padres querían que hicieras tal o cual cosa o fueras de esta u otra forma (y quizás no tuviste más remedio que hacer todo eso), sabes perfectamente cómo se siente cuando no eres aceptado y amado de forma incondicional (aunque tus padres siempre lo hayan hecho desde el amor, sin saber que te estaban dañando). Con esa emoción en mente, sé buena contigo, entiende que no sabes cómo hacerlo porque nadie lo hizo por ti y ahora es momento de actuar desde lo que a ti te hubiese gustado recibir y usar tu instinto para criar un ser humano sano.



Wanda Bennasar

Psicóloga Clínica


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