A mi no me sale eso de meditar

En muchas ocasiones trabajando con madres que están en el proceso de autodescubrirse y abrir espacios en sus agendas familiares para sí mismas, hablamos de la importancia del autocuidado, del tiempo individual y poder conectarse con sus emociones.


Eso suena muy lindo y casi místico, así que cuando lo aterrizamos a cómo se hace una de las formas en que eso puede darse es meditar, lo que implica calmar la mente y sólo sentir sin juzgar, para sentir lo que nos pasa durante el día y procesar -sentir cómo pasan las emociones por nosotros-.

Cuando hablamos de esta opción, algunas mujeres deciden hacerlo por cuenta propia con audios, canales de youtube y otras se aventuran a tomar clases y pertenecer a grupos, pero en la mayoría de los escenarios regresan muy decepcionadas, de sus “pocas capacidades para meditar” según ellas mismas describen.


Ahora bien, la meditación es un proceso. Es como un músculo que vas a entrenar desde 0, sin nunca haberlo utilizado antes. El estar en calma y prestar atención aunque parezca sencillo y algo que haríamos fácil resulta ser que requiere tiempo, paciencia y práctica. Pero sobre todo paciencia con nosotros mismos, sin juicios.


Para arrancar con esta práctica podemos seguir estos pasos de guía:

  1. No poner un tiempo esperado… sólo hacer lo que me salga ese día.

  2. Entender que no es un espacio de crítica, ni de comparación ni de censura. Es aceptar lo que pasa.

  3. Tirar a la basura las expectativas. Si pienso que en una semana debo ser como un super monje del Himalaya no estoy entendiendo el sentido. El sentido es sólo practicar, cero expectativas. No hay nada que cumplir, lograr o alcanzar. No hay metas. No hay competencias. Nada de eso existe en este espacio.

  4. Lo que busco es practicar estar en calma y prestar atención a lo que pasa. A veces me enfoco en mi respiración, a veces en un sonido externo, a veces en algunas partes de mi cuerpo. A veces puedo notar texturas, sensaciones, olor, sabores… sólo es sentir, estar, notar.

  5. Cuando aparecen pensamientos o mi mente divaga, sin crítica regreso mi atención a lo que estaba haciendo y listo. Veo pasar mis pensamientos como nubes en el cielo y enfoco mi mente en lo que hacía antes, sin enojarme o frustrarme o decirme que no puedo hacerlo.

  6. Entender que nuestra mente nunca va a estar en silencio. Produce pensamientos y no es el objetivo que se calle. Es sólo darle atención a otra cosa y cuando aparecen, retomar lo anterior y ver pasar los pensamientos.


Esta práctica diaria tiene muchos beneficios para la salud mental y física de nosotros con amplia evidencia científica y se puede realizar en cualquier momento y lugar, incluso en la fila del supermercado, mientras manejas, mientras comes, etc.


Entrar a una práctica en la que no hay expectativas es una de las mejores cosas que hay y muy lejos del mundo lleno de actividades que tienen tiempos, velocidad, competencias y expectativas. Eso es un gran valor que tiene la meditación para nuestra vida, que además nos enseña a no juzgarnos, a ser pacientes y benevolentes con nosotros mismos, a apreciarnos y a amarnos más.



Wanda Bennasar

Psicóloga Clínica


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